martes, 4 de octubre de 2011

La previa de mi viaje

Okinawa, 4 de octubre. Hace una semana que llegué a la isla y, aunque parezca una mera excusa, no ha sido hasta hoy que me he podido sentar tranquilamente a escribir. He decidido abrir un blog para contar las peripecias que me esperan este año. No pretendo que sea como un diario ni nada por el estilo, solo quiero ir informando sobre hechos, costumbres y lugares que me llamen la atención; así que lo actualizaré cuando me apetezca :)



Hoy quiero hablar un poco de lo difícil que es irse a estudiar fuera tanto tiempo, sobre todo si se trata de Japón. Si te encanta perderte entre solicitudes y adoras rellenar formularios has escogido el lugar idóneo… pero no es mi caso. Conseguir el visado de estudiante después de que tu universidad te haya concedido una plaza conlleva rellenar múltiples papeles, hacerse revisiones médicas, pasarse grandes ratos perdidos en el banco y en la gestión académica de tu facultad y asistir a innumerables reuniones que tratan todas de lo mismo. 

Entonces, viene cuando por fin te aceptan, que es algo así como una gran dosis de felicidad seguida de más formularios. Y luego, cuando consigues tener el visado en el pasaporte y crees que todo ha acabado… te das cuenta de que no es así. ¿Sabéis por qué? Porque no te puedes ir a estudiar un año fuera con una mano delante y otra detrás. En efecto, hablo de las maletas. Compras, compras y más compras. Comprimir toda tu vida en dos rectángulos de 23 quilos no es nada fácil (aunque doy fe que es mucho más difícil transportarla por metros, trenes y monorraíles). Creedme. Y… ¡por fin llegas a tu destino! Te instalas y, por supuestísimo, continúas rellenando solicitudes y formularios, porque tu nombre y tu firma tiene que aparecer por lo menos en cuarenta archivos para saber que existes y que no eres un holograma; a los japoneses les encanta tenerlo todo controladísimo, y yo, en parte, les entiendo… o al menos acepto sin rechistar.

¡Ahora sí! Puedo decir que estoy instalada del todo. Lista para dar guerra.  Y es entonces cuando me doy cuenta de que los formalismos han quedado relegados a un segundo plano y que todo ha merecido la pena. Me espera un año por delante que promete venir repleto de nuevas experiencias y espero vivirlas al máximo.



La próxima vez que escriba hablaré un poco de mi paso por Tokio, de los seis días que estuve en esa gran ciudad y de las cosas que me llamaron más la atención. Quiero comprimirlos en una sola publicación y luego pasar a hablar de la llegada a Okinawa y del súper recibimiento que nos esperaba, pero ¡tiempo al tiempo!

Gracias por leerme :D 


Irene Ortiz

Visado de estudiante

Mi habitación de Barcelona en pleno caos antes de irme

Yens

Mi nueva habitación en Okinawa desde diferentes puntos de vista



7 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Me ha encantado leerte, espero con ansias una nueva entrada, ttm petita

    Yolanda.

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  3. Muchas gracias por compartir tus experiencias y mantenernos informados de qué es de vuestras vidas por ahí :3

    Estaré pendiente de esa entrada sobre Tokio y todas las que vengan después.

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  4. Weeeee, al fin tu blog :-) Me hago seguidora ya! Love ya!

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  5. Waaaa esa es tu habitación? Cuando cuelgue fotos de la mia te vas a cagar y vas a agradecer donde vives... pero al menos yo tengo mis colegas del mah jong bwaaahahahaaaa!!

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  6. Me gusta!! Con ganas de leer la próxima entrada!!

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  7. Me encanta que nos vayas informando, creo que todos vamos a acabar aprendiendo cosas!! jajaja Un besitoo :)

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