viernes, 6 de abril de 2012

Mi viaje

¡Hola!

Sé que hace mucho tiempo que no actualizo esto… ¡no tengo vergüenza! Y aunque dije que la próxima entrada sería sobre la navidad (¡ya estamos en abril!), me reservo el gusto. En vez de hablaros de la navidad únicamente, os hablaré un poco de los períodos de vacaciones que hacen los japoneses. Y será la próxima vez (espero).


Hoy quiero hablaros del viaje que hice durante el mes de marzo. Fueron veinte días intensos  que dormí en cibercafés, albergues, autobuses nocturnos e incluso en un mc donalds una noche. Recorrí a pie tantos quilómetros como estos me permitieron; hasta acabar doloridos y muertos de cansancio. Pasé frío y tuve que lidiar con la lluvia tres o cuatro días. Sin embargo, nada de eso me impide decir que en ese viaje viví experiencias que no cambiaría por nada. Lo dije antes de salir, que quería empezar mis 21 con buen pie; y mis 21 no podrían haber empezado mejor.

Y ahora, haré una versión resumida de las anécdotas y vivencias que tuve en las diferentes ciudades que estuve. ¡Empecemos!


Fukuoka: Celebrar mi cumpleaños en un puesto ambulante de yakitori (pollo frito en brochetas), hablando con una pareja de japoneses muy simpáticos que acabaron invitándome a una cerveza.



Hiroshima: Documentarme a fondo sobre la catástrofe de la bomba atómica.
-        -  Pasar una cena agradable comiendo la comida típica del lugar, mientras hablábamos animadamente con un grupo de chicos de Nagazaki y las mujeres del bar.




Miyajima: Tocar el tori flotante cuando la marea estaba baja y contemplarlo de noche cuando la marea había subido.
-  Escalar el monte Misen, que no era muy, muy alto; pero fue toda una experiencia.



Kobe: Comer la carne de ternera de Kobe, considerada la mejor del mundo. Ver como la cocinan es la parte más interesante del proceso.

Osaka: Hospedarme en un albergue donde va gente de todo el mundo y disfrutar de conversaciones nocturnas con ellos, contrastando opiniones que van desde Singapur  hasta California, pasando por Polonia y Alemania, entre otros lugares. Además, el staff del lugar era increíblemente acogedor.
- Vivir la noche y la fiesta de Osaka, de las mejores que he vivido. Compartida con dos japoneses que fueron de lo mejor que uno se puede imaginar (además de que nos invitaron a todo).
- Visitar el castillo de Osaka y sus jardines, ya con los árboles en flor.
Ver la noria más grande del mundo (sin subir, puesto que éramos pobres xD).
- Colarnos en una parte del puerto porque Javi quería ver una supuesta reproducción del barco Santa María (que resultó no estar), y acabar andando por zonas recién pavimentadas donde,  evidentemente, no pudimos evitar dejar nuestras huellas bien marcadas. ¡No pude reírme más!






Kioto: Disfrutar de la ciudad japonesa tradicional por antonomasia.
Visitar el templo de los 1000 tori, que hasta el momento se ha convertido en mi preferido.
Hacer un recorrido en bici de 35km, visitando lugares y paisajes fantásticos. Entre ellos, un bosque de bambú que es igual al que aparece en la película Tigre y dragón.
- Presenciar un matsuri (festival) en el barrio de las geishas, aunque por desgracia no vimos ninguna.
-Cenar en casa de una amiga japonesa, al más puro estilo tradicional. Al final de la noche enseñé a su padre a jugar al dominó… y perdí. xD



Nara: Caminar entre grandes manadas de ciervos que se te acercan para que les des de comer (mi bolso peligró en una ocasión).
- Ver el edificio de madera más grande del mundo.


Zona de Ise: Visitar el parque de atracciones “Parque España”, inspirado en la cultura española, con todos los elementos folklóricos que la caracterizan.

Nagoya: Visitar puntos clave de la ciudad con el que he pasado a llamar mi “tercer abuelo” haciéndome de guía. Un señor encantador.
- Ver toda la prefectura desde una altura de 46 pisos. 


Tokio: Visitar la zona de Kamakura para ver el gran Buda, haciendo su respectiva ruta por la montaña para después comer en la playa viendo como los surfistas disfrutaban del soleado día.
- Bañarme en un onsen (baño termal típico japonés).
- Comer una crepe al estilo japonés (increíble).
Vivir la fiesta de Tokio (no fue como la de Osaka, pero tuvo sus momentos); donde conocí gente de Chicago (es bueno tener un amigo en cada puerto, dicen… jajaja).
- Visitar el mercado de pescado a primera hora de la mañana.





Valoración global: Me quedo con muchos buenos momentos y si tuviese que elegir una ciudad de todas las que he estado no dudaría en decir Osaka. Su gente, su fiesta, lo cosmopolita que es… todo.
Pero por supuesto que si alguien me pregunta que cuál es mi lugar especial de Japón, no tardo ni tres segundos en responder que es Okinawa. Okinawa ya ocupa un lugar en mí, que no quepa duda.


Y esto es todo por hoy. Ya no os digo que la próxima entrada será pronto porque nunca lo cumplo, lo que sí que os digo es que la esperéis porque llegará.
¡Gracias por leerme!


Irene Ortiz