jueves, 27 de octubre de 2011

Mi llegada a Okinawa (27/09/2011)


Okinawa, 27 de octubre

¡Hola! Sé que hace un mes que llegué a Okinawa, pero hoy os voy a hablar de cómo fue el recibimiento que tuvimos y de cómo es la gente de aquí :D



Mi primera impresión al llegar fue: calor. Era finales de septiembre y parecía que estuviéramos en pleno agosto. En Tokio empezaba a hacer frío y el contraste fue bastante brusco. Sin embargo, allí estaba yo, dispuesta a recibir esa ola veraniega con los brazos abiertos (luego agradecería el calor). 
Acto seguido, nos vinieron a buscar al aeropuerto y nos llevaron al campus universitario, donde nos dieron una charla sobre cómo iban a ser los primeros días de nuestra estancia. ¿Mi conclusión a todo eso? Que mi japonés era realmente penoso. Los dos años de estudio se resumían en un leve tartamudeo y en un 25% de comprensión de una conversa… un no muy buen comienzo que digamos. 

No obstante, después de hacer el examen de nivel, de separarnos en grupos y de empezar a conocer a las personas de aquí, todo empezó a cubrirse de otro color. He de decir que de verás he conocido a gente fantástica, que está dispuesta a hablarte como si fueras un niño de cinco años para que le entiendas, que está dispuesta a llevarte en su coche aunque solo la hayas visto dos veces, que te ofrecen una lata de cerveza sin tan si quiera conocerte y que te tratan con una amabilidad de la que no siempre he disfrutado en mi país, y menos viniendo de desconocidos… Es unos de los puntos que más quiero destacar porque, en definitiva, ha sido lo que más me ha impresionado y lo que más me ha hecho darme cuenta de que he tomado la decisión correcta viniendo aquí.

Por otro lado, antes de empezar las clases (y después de empezarlas xD), nos hicieron un montón de fiestas de bienvenida. Pequeños encuentros en la sala común del edificio de estudiantes extranjeros, fiestas formales con los profesores, noches en algún local con barra libre, barbacoas en la playa… ¡y lo que nos queda! Por eso, todos los puntos negros que veía al principio se han ido desvaneciendo, y si a eso le sumamos que poco a poco mi nivel de comprensión aumenta y que ahora soy capaz de decir más de cuatro palabras seguidas en japonés, realmente, no me puedo quejar. Estoy viviendo una gran experiencia, y aunque echo de menos muchas cosas, estoy disfrutando al máximo.



Hoy no me explayo más, la próxima vez creo que hablaré de los festivales a los que he ido. Gracias a todos los que me apoyáis a más de 10.000km de distancia; aunque no lo diga cada día, ¡os tengo muy presentes!

Gracias por leerme,



Irene Ortiz



p.d: Esta vez solo pondré cuatro fotos porque, realmente,  en las fiestas no soy para nada de coger la cámara xD

La gran fiesta que se hizo en el edificio de estudiantes, donde conocí muchísima gente



Fiesta de bienvenida en la universidad, con alumnos extranjeros y profesores



Fiesta en un bar (con barra libre de comida y bebida). Y sí, estoy jugando al juego de los palillos pero con tenedores. Seriedad not found, lo sé xD




Barbacoa en la playa, con 60 (¿?) personas


viernes, 14 de octubre de 2011

Mi estancia en Tokio


Okinawa, 14 de octubre

Como dije en la publicación anterior, en esta hablaría de mi paso por Tokio.  La verdad es que me hubiese gustado escribir antes, pero esta semana he estado realmente ocupada entre deberes, estudios y, como no, papeleo. Así que dicho esto, ¡allá vamos!



21 de Septiembre. Mi llegada a Japón. ¿Qué puedo decir de Narita, uno de los aeropuertos de Tokio? Envidiable.  Silencio y saber estar por todas partes. Puntualidad extrema y trabajadores competentes donde los haya. Vamos, igual que en el Prat (nótese la ironía, por favor). Pues bien, tras llegar y recoger el equipaje nos dispusimos a coger un tren (¡oh dios, vaya tren! Más quisiera la renfe…) y ¿cuál fue mi sorpresa al llegar a Ueno, el sitio donde pensábamos alojarnos? Llovía. Pero no era una lluvia cualquiera, no… no habían transcurrido ni dos horas desde que había puesto los pies en territorio japonés y ya estaba viviendo mi primer tifón. 
Un tifón es básicamente lluvia fuerte mezclada con un gran viento. A veces pueden ser catastróficos, pero no fue el caso… era, básicamente, eso: lluvia con mucho viento. Fue una sensación bastante peculiar, diferente y, al fin y al cabo, no me disgustó.

Ahora, pasemos a los hechos. Mi semana en Tokio fue bastante movida; anduve lo que no os podéis imaginar, pero disfruté de un gran guía y eso es todo un privilegio a la hora de conocer una ciudad. Visité desde templos, entre los que destaco el templo sintoísta de Asakusa, hasta barrios famosos por sus diferentes tendencias, como por ejemplo Akihabara, un barrio conocido por disponer de las últimas novedades en electrónica o su amplio mercado dedicado al mundo del anime y del manga. La torre de Tokio, basada en la torre Eiffel de París y de 332 metros de altura; el palacio imperial y sus jardines; el museo Ghibli, de donde nacieron películas como Mi vecino Totoro, El viaje de Chihiro o El castillo ambulante; el barrio de Shibuya, con la estatua del famoso Hachiko y sus centenares de tiendas de moda; Yokohama y el Nissan Stadium, donde se jugará el mundial de clubes de este año; y Odaiba, la isla artificial en la que se encuentra la estatua de la libertad japonesa o Palette Town (¡Pueblo Paleta!), pero que a diferencia de en el juego de Pokemon, en este caso se trata de un bonito centro comercial, fueron algunos de los lugares que visité.  
 
A continuación, os dejo algunas fotos:


La estatua de Hachiko en Shibuya

Palacio Imperial

La torre de Tokio (la perspectiva se debe a que era el único modo de poder sacarla entera...)

Playa de la isla aritificial de Odaiba, obviamente también artificial

Templo de Asakusa

Así eran los carteles que te guiaban hasta el museo Ghibli... me encantaron :)

Entrada principal del estadio de Yokohama


Por último, me gustaría destacar un par de curiosidades. La primera es que comer en restaurantes en Tokio es realmente muy barato. Aquí el número de restaurantes es enorme y resulta muy fácil encontrar un buen sitio para comer. Bueno, bonito y barato, como diríamos en España. Como contraste, también me gustaría decir que, a diferencia de la comida, el transporte aquí es carísimo. La metodología de las tarifas es totalmente distinta a España y el precio varía según las estaciones que viajes, así que cuanto más largo es el trayecto, más pagas… y creedme, la diferencia es bastante alta, no es equivalente al sistema de zonas que hay en Barcelona. 



¡Y hasta aquí hemos llegado! Está todo bastante resumido… querer concentrar toda una semana en una publicación ha sido un poco difícil. Quizás, algún día amplíe alguno de los puntos que he tratado (posiblemente el de los restaurantes, o el de algún edificio o barrio de los que visité… ¡no lo sé!). De todas formas, si queréis que hable de algún tema en concreto o queréis saber algo más de alguna de las cosas que he dicho, solo tenéis que decirlo :)

Nada más por hoy. Continuaré publicando vivencias y curiosidades próximamente. Aún no sé sobre qué; a lo mejor sobre mi recibimiento en Okinawa o sobre algunas costumbres de aquí o sobre los festivales a los que he ido… ¡Ya veré! Hasta entonces, ¡nos vemos!

Gracias por leerme.



Irene Ortiz         

martes, 4 de octubre de 2011

La previa de mi viaje

Okinawa, 4 de octubre. Hace una semana que llegué a la isla y, aunque parezca una mera excusa, no ha sido hasta hoy que me he podido sentar tranquilamente a escribir. He decidido abrir un blog para contar las peripecias que me esperan este año. No pretendo que sea como un diario ni nada por el estilo, solo quiero ir informando sobre hechos, costumbres y lugares que me llamen la atención; así que lo actualizaré cuando me apetezca :)



Hoy quiero hablar un poco de lo difícil que es irse a estudiar fuera tanto tiempo, sobre todo si se trata de Japón. Si te encanta perderte entre solicitudes y adoras rellenar formularios has escogido el lugar idóneo… pero no es mi caso. Conseguir el visado de estudiante después de que tu universidad te haya concedido una plaza conlleva rellenar múltiples papeles, hacerse revisiones médicas, pasarse grandes ratos perdidos en el banco y en la gestión académica de tu facultad y asistir a innumerables reuniones que tratan todas de lo mismo. 

Entonces, viene cuando por fin te aceptan, que es algo así como una gran dosis de felicidad seguida de más formularios. Y luego, cuando consigues tener el visado en el pasaporte y crees que todo ha acabado… te das cuenta de que no es así. ¿Sabéis por qué? Porque no te puedes ir a estudiar un año fuera con una mano delante y otra detrás. En efecto, hablo de las maletas. Compras, compras y más compras. Comprimir toda tu vida en dos rectángulos de 23 quilos no es nada fácil (aunque doy fe que es mucho más difícil transportarla por metros, trenes y monorraíles). Creedme. Y… ¡por fin llegas a tu destino! Te instalas y, por supuestísimo, continúas rellenando solicitudes y formularios, porque tu nombre y tu firma tiene que aparecer por lo menos en cuarenta archivos para saber que existes y que no eres un holograma; a los japoneses les encanta tenerlo todo controladísimo, y yo, en parte, les entiendo… o al menos acepto sin rechistar.

¡Ahora sí! Puedo decir que estoy instalada del todo. Lista para dar guerra.  Y es entonces cuando me doy cuenta de que los formalismos han quedado relegados a un segundo plano y que todo ha merecido la pena. Me espera un año por delante que promete venir repleto de nuevas experiencias y espero vivirlas al máximo.



La próxima vez que escriba hablaré un poco de mi paso por Tokio, de los seis días que estuve en esa gran ciudad y de las cosas que me llamaron más la atención. Quiero comprimirlos en una sola publicación y luego pasar a hablar de la llegada a Okinawa y del súper recibimiento que nos esperaba, pero ¡tiempo al tiempo!

Gracias por leerme :D 


Irene Ortiz

Visado de estudiante

Mi habitación de Barcelona en pleno caos antes de irme

Yens

Mi nueva habitación en Okinawa desde diferentes puntos de vista