lunes, 21 de noviembre de 2011

La vida en la universidad (I)


¡Hola!

Ya hace dos meses que llegué a Japón… ¡cómo pasa el tiempo! Y bien, como dije en el post anterior, hoy os hablaré de la vida que llevo aquí y de cómo es el día a día en la Universidad de Ryukyus (琉球大学).  Dividiré el post en dos partes porque creo que me voy a extender un poco y no es plan de dejaros un post del tamaño de un ejemplar de Ken Follet…



En primer lugar me gustaría decir que la Universidad de Ryukyus, igual que la UAB, tiene la residencia en el mismo campus, así que si eres un estudiante extranjero, se te solucionan muchos problemas. 

La residencia tiene diferentes tipos de viviendas con diferentes comodidades y el precio depende del edificio en el que vivas. Además, el sistema de convivencia de aquí es un poco distinto al de allí. Me explico: en la autónoma, por ejemplo, en los pisos dobles o cuádruples compartes el piso entero (incluida la habitación) con tus compañeros; aquí, en cambio, cada uno tiene su habitación individual y dependiendo de la condición de tu bloque compartes algunas zonas con las personas que viven en tu misma planta. En el más barato (y es realmente muy, muy barato)  compartes cocina y baño con los de tu piso y tienes que ir a ducharte a los baños comunes; en el intermedio, que es donde vivo yo, compartimos cocina y duchas, pero cada una tenemos nuestro pequeño lavabo en nuestra habitación; y en el que es más caro, lo tienes todo dentro de tu habitación, incluida la cocina y la ducha. A parte, en todas las plantas de cada edificio hay un cuarto con un par de lavadoras y secadoras, y en las zonas comunes de según qué edificios se puede ver que realmente es una zona de encuentro y la gente hace vida social allí (por desgracia, no es el caso de mi planta…).
¡Ah! Y se me olvidaba mencionar un pequeño detalle… la residencia está dividida en masculina y femenina. Ni nosotras podemos entrar en sus edificios ni ellos en los nuestros; es más, nosotras estamos como encarceladas para que ningún hombre se pasee por nuestros alrededores… ¿El motivo? No lo sé. Aún le estoy intentando encontrar sentido ¬¬

Sin embargo, para que las cosas no parezcan tan nazis, tenemos en el centro de la residencia un edificio en el que podemos comunicarnos y reunirnos con las personas que no pertenecen a nuestro sexo. Es un edificio bastante cutre, con un par de máquinas de bebida, mesas, bancos y alguna que otra cosa más que está salida de contexto; pero para juntarse a hablar con la gente está muy bien. Además, a menudo se pueden ver estudiantes del club de malabares practicando o a alguien tocando algún instrumento. Es bastante entretenido y como a mí me encanta ese rollo perroflautero, pues mejor que mejor.


Dicho esto, voy a pasar a contaros como es la International House o Kaikan. Este edificio está situado en la parte opuesta del campus y es una residencia exclusiva para estudiantes extranjeros (a diferencia de la otra en la que convivimos  con japoneses). Las habitaciones de este edificio tienen cocina y baño completo; de hecho tienen hasta aire acondicionado (dicen que el verano aquí es la muerte) y están muy bien amuebladas… En comparación, la otra residencia es bastante pobre xD. Además, es masculina y femenina, y en la zona común hay una súper tele. A menudo nos juntamos todos allí y, como también es donde se hacen todas las fiestas (en una sala muy grande que tiene), siempre está bastante concurrida.
Así que, aunque es un poquito más cara, estoy planteándome seriamente mudarme a vivir allí el semestre que viene… ¡ya veremos!



Hoy lo dejo aquí.  No sin antes decir que, en general, la vida en la resi es muy divertida y siempre estamos haciendo cosas; ¡no hay que desaprovechar el tiempo! 
El próximo día hablaré de aspectos más académicos, que creo que ya toca un poco… no os creáis que aquí todo es jauja. ¡No os podéis imaginar lo que estoy estudiando y la de deberes que me ponen! Parece que haya vuelto al bachiller… 

¡En fin! Gracias por leerme :) Esta vez solo os dejo una foto porque, aunque lleve dos meses aquí, aún no me he dignado a darme una vuelta con la cámara por el campus. Lo siento, pero siempre me salen planes mejores xD. A ver si para cuando publique la siguiente entrada puedo colgaros algunas más.

¡Nos vemos!


Irene Ortiz

Una de las entradas de la universidad. En las letras pone Universidad de Ryukyus.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Matsuri


¡Hola! Dije que la próxima vez sería pronto, lo sé; pero me he dado cuenta de que soy más vaga de lo que me pensaba…

Hoy, como os comenté, hablaré de los festivales que se celebran por aquí. Así que, sin más preámbulos, ¡vamos a ello!



Los festivales típicos japoneses reciben el nombre de Matsuri (), y para los japoneses cualquier excusa es buena para celebrar un Matsuri. En el tiempo que llevo aquí he perdido la cuenta de cuántos se han celebrado y a qué estaban dedicados. ¿Han sido cinco? ¿Seis? No lo sé. 

Algunos de estos festivales están relacionados con temáticas religiosas, los hay que celebran el cambio de las estaciones, y otros simplemente se hacen con motivo de algún hecho cultural relevante o de festejar alguna fecha importante. Además, según la zona en la que te encuentres, se celebran unos festivales específicos de la región; así que podría decirse que los Matsuri, a su vez, se pueden clasificar en estatales, regionales, provinciales y todas las subdivisiones que queráis añadir. 

Algunas de las actividades más frecuentes que ofertan los Matsuri, aparte de una gran variedad de puestos de comida, son juegos como el de pescar pececillos o el de demostrar tu puntería tirando una torre de botellas con una pelota. Luego, dependiendo de la temática del festival, este puede tener conciertos, procesiones, fuegos artificiales o eventos deportivos, entre otras cosas. 

La verdad es que grosso modo podría decirse que es algo parecido a las fiestas de los pueblos que hay por España, pero con una organización bastante más elaborada y sin las típicas atracciones en las que pones a riesgo tu vida.


El primer festival al que asistí fue al de mi universidad. Sí. Fue llegar y besar el santo, como dicen. El primer fin de semana que estuve en Okinawa asistí a uno de estos eventos y la verdad es que me agradó bastante. Luego os pondré unas fotografías para que os hagáis una idea del ambiente que se respiraba. 

La semana siguiente se celebró un gran festival en Naha, la capital de Okinawa, llamado Otsunahiki. Tsunahiki en japonés es el típico juego en el que se hacen dos bandos y consiste en tirar de una la cuerda, cada uno por un lado. Pues bien, Otsunahiki es la versión gigante de este juego y es tan grande que está incluso en el libro guinness de los records (luego pondré la foto de la cuerda y veréis que no miento al decir la palabra gigante). 

Después de este festival he ido a alguno más en los que he visto desde gente haciendo capoeira a un desfile en el que todos iban caracterizados de personas típicas de la época medieval japonesa y transportaban al “rey” y la “reina” en palanquines.



Como veis, no puedo quejarme en absoluto de mi inmersión en la cultura japonesa. Cada vez estoy más convencida de que este país es otro mundo. 

Y dicho esto, me despido. La próxima vez puede que hable de mi universidad y de cómo es la vida por aquí.
A continuación os pondré unas fotos de algunos de estos festivales. 

¡Gracias por leerme!



Irene Ortiz

El juego de pescar peces

Concierto de una banda en el Matsuri de mi universidad

Matsuri de Naha

Uno de los muchos puestos de comida que hay

Concierto en el festival de Naha

Un trozo de la cuerda gigante que os he comentado antes

Una de las muchas cosas que puedes encontrar en un Matsuri y de la que no tengo ni idea de lo que es

Desfile

Rei en el palanquín

Reina en el palanquín

Esta soy yo en uno de los festivales haciendo mochi, un dulce típico japonés

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Acostumbrarse o no acostumbrarse


Okinawa, 2 de noviembre


¡Hola!
Sé que dije que iba  a hablar sobre los festivales, pero hoy he hecho una reflexión sobre algunas cosas que en España eran totalmente normales para mí y en Japón las he cambiado sin apenas darme cuenta. Dicho esto, os voy a enumerar 10. ¡Empecemos!


1- Duermo en un futón (colocado sobre la cama encima de una especie de tatami). Un futón es como la quinta parte de un colchón, es decir que tiene el grosor de un nórdico más o menos (pero está adecuado para dormir sobre él). Pues bien, me acostumbré a no dormir en un colchón casi desde el primer día y, por el momento, no he tenido ni dolores de cervicales ni de espalda.
 
2- Un día de lluvia es un día como cualquier otro en un clima tropical, aunque a ti te dé la sensación de que parezca el fin del mundo. Solo hace falta tener un buen paraguas. 

3- Quitarse los zapatos de la calle antes de entrar en casa se ha convertido ya en un acto reflejo. Cuando visito algún sitio nuevo, lo primero que hago es mirar si me los tengo que quitar o no. 

4- Si no como a las 12 y ceno a las 7, me muero por inanición xD... los horarios de las comidas se me instalaron automáticamente al llegar aquí.

5- He substituido la coca cola por té de limón (el que bebo es como el Nestea pero mejor). Aún no sé por qué supongo que porque aquí se bebe muchísimo té y sale más barato. 

6- Nunca creí que fuese capaz de cocinarme más de una semana seguida, ¡pero sí! Aunque me invada la vagancia cocino como si se tratase de un acto reflejo. 

7- He substituido el uso de especies y aliños como la sal, la pimienta, el vinagre y el orégano (sí, creedme estoy superando mi adicción al orégano y al vinagre) por salsa de soja. Es imposible encontrar vinagre en este país y, a excepción de la sal, las especies que son comunes en Europa, aquí suelen ser un poco caras.

8- Lo reciclo TODO. Aquí te encuentras 15645616 millones de cubos de basura distintos allá a donde vayas: latas, botellas, diarios, basura para quemar, tapones de botellas… Así que es realmente fácil reciclar y, creedme, todo el mundo lo hace como algo natural, incluida yo. 

9- No me he comido una buena pizza desde que salí de casa (hace unos 40 días); y  no se me había pasado ni por la mente. 

10- Aquí, en Okinawa, la fauna es más bien peculiar (y suele ser de tamaños considerables). Vivo rodeada de caracoles gigantes y venenosos, de murciélagos más grandes que las palomas de Plaça Catalunya, de serpientes venenosas llamadas Habu (aunque aún no he visto ninguna… ni espero verla), de cucarachas voladoras, de langostas enormes (entiéndase el insecto, no el crustáceo)… Lo que viene a ser algo no muy común en Barcelona. Pues bien,  me he dado cuenta de que soy bastante inmune a todo ello. Puedo estar corriendo de noche alrededor del campus con la resurrección de Drácula revoleteando sobre mi cabeza sin que me dé un infarto, puedo ver salamanquesas o arañas en el pasillo de casa sin alterarme y puedo ir andando mientras miles de saltamontes siguen el compás de mis pasos. Para mí, haberme acostumbrado a esto es sorprendente.



Sin embargo, tengo que decir que hay cosas a las que no me he podido acostumbrar… ni creo que lo haga. Dejando de lado a las personas que más añoro, creo que lo que peor llevo es lo siguiente:

1- Echo de menos la comida de mi madre; en especial la tortilla de patatas y las lentejas.

2- El futbol. Detesto no poder ver los partidos de futbol de mi equipo por culpa del horario. Si allí son a las 9 de la noche, aquí son las 5 de la mañana. También echo de menos no poder ir a ver ninguno en directo (ya sea del primer equipo, del b o de futbol sala… ¡da igual!)

3- Me encantaría poder ir a algún concierto. En Barcelona iba a bastantes, pero aquí lo veo difícil… y un año sin conciertos puede ser muy largo.

4- Echo de menos entrenar y jugar con el equipo que me aportó tanto el año pasado. 

5- La fiesta de España. Aquí hay muchas fiestas, por supuesto. Pero el tema de bailar no se lleva mucho. En todo el tiempo que llevo, solo he ido a una donde se pudiese bailar, y bailé como si no hubiese mañana… lo di todo xD



¡Y hasta aquí hemos llegado! La próxima vez, que será pronto, sí que hablaré de los festivales de por aquí. A continuación os dejo unas fotos en plan random.

¡Gracias por leerme!


Irene Ortiz


Imagen de un futón. Por supuesto que no es el mío, pero es para que aquellos que no hayáis visto nunca ninguno o que ni si quiera conociáis el término os hagáis una idea de cómo es.

Entrada de mi piso. Como veis hay un zapatero enorme porque nos tenemos que quitar y poner los zapatos de la calle en la tarima rosa esa.



Salsa de soja y té de limón que acostumbro a comprar.
Señales repartidas por el campus que avisan de que hay serpientes venenosas viviendo en la zona.

Esta foto la hizo Javi. Es un caracol gigante (comparadlo con la funda del Iphone) y es de los venenosos. Siempre que llueve todo el suelo se llena de ellos.